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El día en que llegamos a Aguas Calientes, nos preguntaron si queríamos subir hasta la montaña de Machu Picchu. Como no habíamos investigado mucho, pensábamos que era el tour por Machu Picchu que todos los turistas hacían, sin embargo, al comprar las entradas, nos dimos cuenta que esto era algo adicional a la entrada a la ciudadela de Machu Picchu.

Cada entrada para subir a la montaña tenía una hora especifica de salida y su horario era restringido. Nosotros, para evitar perder el paseo, reservamos la entrada de las 9am sin saber lo que nos esperaba. Algunos de los que estaban ahí decían que era una pérdida de tiempo y dinero pues en caso tal de lluvia, era difícil el acceso a ella, pero aún así nos arriesgamos queriendo conocer todo lo que pudiéramos.

Como ya les comentamos en el blog “Machu Picchu – Una de las maravillas del Mundo”, comenzamos nuestro viaje en bus desde temprano a la ciudadela de Machu Picchu donde estuvimos conociendo durante 3 horas aproximadamente.

Una vez terminado el recorrido por la ciudadela y llenos de alegría por lo vivido, buscamos la entrada hacia la montaña para cumplir con nuestra cita. Un poco cansados después de recorrer el lugar sagrado, nos inscribimos en la recepción de la montaña, donde una nueva travesía comenzaba. Solo unos cuantos se atrevían a recorrer el camino en subida con sus miles de escaleras, sin saber lo que les esperaba detrás de la abundante vegetación, cuyo olor marcaba la humedad de su tierra y la posibilidad de lluvia cercana.

Durante la subida, varios turistas pasaron por nuestro lado, saludando amablemente; algunos con sus gotas de sudor por el esfuerzo que la subida implicaba; otros, con su sonrisa de oreja a oreja después de haber visto la imagen completa de esta maravilla del mundo desde su punto más ato.

Mientras subíamos, nos detuvimos un par de veces en algunas zonas que permitían tomar fotos panorámicas y a la vez aprovechábamos para descansar e hidratarnos. Entre más alto estábamos, más agotados nos veíamos y el cansancio físico ya comenzaba a recorrer nuestros cuerpos. En algún momento pensé que mi cuerpo ya no daba más, pero cada una de las personas que venían en bajada, nos animaban y decían que ya faltaba poco. Eso nos dio mucho ánimo. Ya el final de la subida estaba por llegar con sus escaleras cada vez más estrechas, donde muchas veces debíamos detenernos para dar paso a quien bajaba. Definitivamente ese fue el punto más complejo donde el mirar para abajo hacia el risco, no era una opción y donde más cautelosos y atentos debíamos estar.

Después de 1 hora y 45 minutos subiendo la montaña desde la ciudadela de Machu Picchu (a paso medianamente rápido), ¡llegamos a la cima! El viento frio, a sus 3061.28 metros sobre nivel del mar y aún con algo de luz solar, nos refrescaba mientras visualizábamos nuevamente la magnificencia del lugar.

Nuestros primeros minutos en la cima fueron de descanso y reconocimiento con una vista de 360 ° del lugar. Tomamos nuestra foto de constancia en el cartel que marcaba la altitud de la montaña y ratificaba nuestra aventura, un poco más cerca al resplandeciente cielo con sus nubes adornando el paisaje montañoso. Nos sentíamos completamente libres y satisfechos contemplando desde arriba aquel lugar donde la ciudadela se situaba y desde el cual la montaña Huayna Picchu con una altitud más baja a la que estábamos de 2.667 se dejaba ver en su totalidad.

Caminamos un poco más por el camino angosto hasta su extremo donde encontramos una roca lisa y plana, lugar en el cual los turistas aprovechan su fondo para tomar fotos. Nosotros por supuesto, ¡no fuimos la excepción!

Hay que tener cuidado una vez arriba ya que, aunque no hay peligro por terreno inestable, el lugar no está delimitado y cualquier tropiezo puede llevarte a una caída no muy agradable.

Descansamos en la cima un rato y pensábamos en aquella civilización que años atrás había construido tan increíble arquitectura, pensando seguro en cada detalle del cual posiblemente no teníamos todo el conocimiento de su significado. Sus habitantes fueron privilegiados por los paisajes que rodeaban el lugar, así como por la seguridad que éste les brindaba mediante sus cerros en cada uno de los puntos cardinales a los que miráramos. Después de 45 minutos iniciamos nuestro descenso, casi sin parar, pero aun disfrutando de la vista y la amabilidad de la gente. Ahora éramos nosotros los que animábamos a seguir a aquellos caminantes que iban en subida.

Al llegar a la base de la ciudadela, después de 1 hora y 15 minutos bajando, decidimos permanecer por unas horas más en la ciudadela de Machu Picchu, disfrutando cada minuto del sector agrario y visualizando el único árbol del lugar que se destacaba en la parte central de la ciudadela. Si este árbol hablara, quien sabe qué tantas historias tendría para contarnos de todas aquellas personas que han visitado el lugar y las experiencias que han pasado en el último siglo desde el descubrimiento de Machu Picchu. Por ahora, lo único que sabremos es, que este santuario definitivamente es hermoso y vale la pena visitarlo en su totalidad. Acompáñennos en este viaje y les mostraremos todo lo que a nosotros nos impactó.

Presupuesto Incognito

10000 en adelante x persona

Presupuesto VIP

5000 a 10000 x persona

Presupuesto Corporativo

3000 a 5000 x persona


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