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He hecho muchos viajes y aunque he disfrutado cada uno de ellos, ninguno había sido tan especial como el viaje a una de las maravillas del mundo: Machu Picchu.

Desde niña había escuchado hablar de Machu Picchu, y sin haber ido, sabía que era un lugar bonito por los comentarios, fotos que hacían conocidos, amigos y familiares, sin embargo, nunca imaginé que me fuera a dejar maravillada con su hermosura. Por ello quiero relatarles mi experiencia y ojalá con ella sientan un poco de lo que yo sentí al ir allá.

Como muchos de ustedes, inicié mi viaje con todas las ganas de conocer un nuevo lugar, lo que no sabía y nadie me dijo es que tardaría unas cuantas horas para llegar ahí.

Machu Picchu, llamado por algunos “Montaña Vieja” es un lugar sagrado y un poblado andino incaica antiguo situado en la vertiente oriental de la cordillera central que une las montañas de Machu Picchu y Huayna Picchu al sur del Perú, y como tal, no es posible llegar en carro y mucho menos en avión. La forma más rápida de encontrarlo es yendo en carro o tren desde Cusco hacia Aguas Calientes para de ahí subir a los 2490 metros s.n.m, altitud a la cual encontraremos su plaza principal. 

Una vez hayan llegado a Aguas Calientes, para aquellos viajeros que tengan una buena condición física y les guste la aventura, pueden subir la montaña desde el pueblo. Deberán aguantar un poco de polvo en ciertas partes de la carretera, pero llegarán a la cima con la satisfacción de haberse ejercitado por 1 hora y media (a paso normal) mientras disfrutan del paisaje. Para los demás que prefieran la comodidad de subir sin esfuerzo físico o que dispongan de menos tiempo de viaje, pueden salir en Bus desde la estación en aguas Calientes y su recorrido demorará un poco menos de 30 minutos. 

Nosotros, aunque somos amantes del ejercicio, decidimos subir en bus para aprovechar la mayor parte del tiempo en la montaña.

Desde que nos despertamos estábamos ansiosos por subir y descubrir la mística del lugar del cual todos hablaban. Así fue, ese día a las 4:45 am salimos de nuestro hotel directamente a la estación donde esperamos casi 1 hora en la fila para tomar el primer bus que salía a las 6am. Pensábamos que la subida iba a complicarse con tanta gente queriendo visitar el lugar, sin embargo, el servicio de buses fue constante y organizado así que varios buses salieron a la misma vez y los siguientes estaban programados para salir cada 15 minutos.

Llegamos a la montaña, ubicada a unos 2490 metros sobre nivel del mar, un poco antes de que abrieran las puertas, lo cual fue bueno pues estábamos casi de primeros en la fila y esto nos permitió conocer al gran guía que estuvo con nosotros las primeras 2 horas y al que seguro conocerán si deciden tomar este viaje con nosotros.

Entre tantos guías, encontramos a esta persona especial, quien, además de contarnos la historia y mostrarnos las estructuras más destacadas del lugar, nos permitió sentirlo con toda su grandeza. En un inicio nos fue llevando por la magnífica historia sobre el descubrimiento del lugar (según datos del año 1913) y ni nos dimos cuenta a qué hora subimos unas cuantas escalas hasta donde estaba lo mejor. Él nos sugirió cerrar los ojos y confiar en su método para imaginarnos el lugar y comenzar a sentirlo. Agarrados de su mano como cuando éramos pequeños, dimos unos pasos más y cuando ya teníamos alguna imagen interna del paisaje que nos esperaba, abrimos los ojos, y fue allí cuando una sensación de alegría, pero a la vez de sorpresa, nos invadió por completo. Wow, ahí estaba la hermosura de la cual todos hablaban. Machu Picchu en su máxima expresión, dejando pasar algunos rayos de luz del cielo un poco nublado por el amanecer, pero resaltando cada una de las majestuosas montañas que lo rodeaban.

Su pueblo, ya abandonado, pero en excelente estado, aún dejaba ver los lugares de culto, con sus templos, casas y depósitos de la época, y hasta los sitios de terrazas, parte de la zona agrícola, que sobresalían por sus verdes y vitalidad, como si su civilización aún los cuidara. El cielo, con su azul claro y algunas pocas nubes, nos ayudaron a colorear esta hermosa experiencia. Fue en ese momento en que vimos cómo entre las montañas que daban hacia el norte, se formaba el perfil de un inca cuya nariz era la montaña de Huayna Picchu y la frente del hombre, aquella que seguía hacia el cañon. La sensación era la de un Inca dormido en todo el centro de la civilización.

Éramos los únicos en este momento, así que por varios minutos sentimos y llevamos a nuestro ser cada detalle que veíamos. Una emoción profunda de descubrir tan bello lugar, rondaba por todo mi ser y hasta me hizo erizar. Lágrimas de felicidad me invadieron y solo me llené de su energía, queriendo recorrer cada rincón del lugar.

Seguimos nuestro recorrido, camino a la puerta de acceso a la ciudad, una puerta pequeña pero llena de fortaleza, que nos abrió sus puertas para observar al Torreón, pasando por las Fuentes, formadas de escaleras en roca por las cuales sistemas de agua caían desde lo alto del manantial del Cerro Machu Picchu. Desde ahí, visualizamos el sector agrícola, algunos picos montañosos que rodeaban el lugar de un lado al otro y los templos donde nos detuvimos por un rato. Me llamó la atención el Templo del Cóndor pues fue formado por una gran piedra tallada representando un cóndor al cual le daban un uso ritual. Éste muy diferente a los demás que se caracterizaban por sus muros de piedra perfectamente cortados en bloques regulares como es el caso del Templo de las 3 ventanas.

     

 

Cada rayo de luz nos acompañaba en el recorrido y dejaba ver el verde de una zona amplia que parecía más una pista de aterrizaje: La plaza principal, y de donde se visualizaba el grupo de las Tres Portadas, así como las viviendas donde la elite vivía en el tiempo de su construcción.

Aprovechamos para meditar unos minutos y tomar unas cuantas fotos, pues queríamos que todas las personas cercanas a nosotros pudieran ver una muestra de lo que estábamos viviendo. Para ello, nuestro guía, también hizo de fotógrafo y conocía los mejores puntos para exaltar la belleza del lugar. Gracias a su experiencia como viajero, paciencia y amor por este lugar, se tomó su tiempo para recorrer cada rincón del sitio, mientras otros guías ya habían finalizado minutos y hasta horas antes. Él hasta nos presentó a un gran amigo suyo “Ignacio”, o como le dicen en Machu Picchu: “Nacho”, una amigable llama cuyo color café con blanco y sus ojos cristalinos resaltó en varias de nuestras fotos.

Ya finalizando nuestro recorrido por la antigua ciudad, llegamos a la Roca Ceremonial, una imponente roca, hacia el noroeste del santuario. Esta llamó nuestra atención ya que perfectamente representaba el contorno de los cerros que se encuentran detrás de ésta.

Caminamos un poco más, y desde ahí veíamos más de cerca Huaina Picchu, aquella montaña imponente que siempre forma parte de la imagen más típica de la ciudadela. Para subir allá es necesario reservar con tiempo su entrada pues se agotan muy rápidamente. Nosotros no pudimos subir, pues ya la venta para ingresar a ésta estaba libre para dentro de 10 meses siguientes (Así que quienes deseen, reserven mínimo con un año de anterioridad su tiquete de entrada).

Ya eran las 9am y estábamos un poco cansados, pero nuestro acompañante nos llevó a la zona trasera norte de la ciudadela para descansar un poco y hacer unos ejercicios de relajación que incluían respiración profunda por unos minutos y que nos hizo sentir más vitales cuando abrimos nuestros ojos. De nuevo esa sensación de llenura interna y de felicidad albergaba mi ser al ver la imponencia de los cerros a nuestro alrededor con las terrazas y casas que, miles de años atrás, habían albergado a una civilización tan culta e inteligente como lo fue la civilización inca.

Nuestro guía se despidió y seguimos nuestra caminata a la montaña de Machu Picchu donde solo unos cuantos se atreven a recorrer el camino en subida con sus miles de escaleras. Les hablaré de esta visita a la montaña en otro blog.

Hacia las 4:00 pm decidimos partir de regreso a nuestro hotel. Ya la mayoría de la gente se había ido y la tranquilidad de la ciudadela nos abrazaba con su armonía y energía, cargando nuestros cuerpos. Nos encontrábamos alegres y llenos del amor interno que Machu Picchu nos había regalado.

Aunque esa noche estaba muy cansada y con ganas solo de llegar a nuestro hotel, quiero decirles que llegué recargada mentalmente y con un único sueño: volver a vivir y sentir a esta ciudadela inca tan maravillosa que nos acogió durante todo el día. ¡Sin duda alguna, ésta ha sido la mejor experiencia de mi vida! Ojalá ustedes lectores tengan la gran oportunidad de vivir lo que nosotros vivimos, un sueño hecho realidad.

Presupuesto Incognito

6000 en adelante x persona

Presupuesto VIP

4000 a 6000 x persona

Presupuesto Corporativo

3000 a 4000 x persona


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